flema
Belleza escondida en la tara, en el jarrón recompuesto. Antes roto y lanzado contra el suelo, estrellado y así renacido en armónicas formás más táctiles en mil pedazos enlazados en un todo. Incendio que abona de cenizas un erial para futuro vergel, lluvia que inunda el secarral para la llegada de los pastos, incisión que extrae el veneno y recuerda con su cicatriz la salvación.
Muere ahogada la vida que renacerá etérea, eterna. Sobrevive a la desidia la flema que evita el noqueo, que juega en las llamas del mismo infierno a retozar instinto. Pulso desigual hasta equilibrar el fiel, y abandono de un oxígeno que caducó con los albores del destete. Sí, intuye el animal la tormenta. Y mojado espera a que escampe.
