vértigo
Van y vienen los argumentos pelados, se depositan en el fondo las hojas anegadas y así plomizas hasta sumergirse del todo. No existe alianza ni un más allá del tiro de piedra. Y mientras tanto una calma chicha se apodera del escenario a la espera de la cata, del sinsabor de la pleitesía al abismo, del paladeo del vértigo.
Y da igual, da lo mismo que fluya o no el manantial que fue, que el vergel se deseque o la memoria se anule en la distancia de una perspectiva descentrada. Daa igual sí, da lo mismo. Ya no hay ecuaciones, no hay un lado oscuro que intrigue. Tan solo una mirada posada en un horizonte indefinido que se aproxima.
