carne
Vienen las sentencias encajadas en la regla de tres de quien no vivió más allá de lo turbio. Y demanda el minuto de gloria de la lección mal aprendida entre aplausos que se tornan hostias sin consagrar, recusado el experimento, anonadada la razón.
Vuelve el cash como moneda de cambio de víscera frente a un aberrante aprendizaje despersonalizado de una demanda cuajada en mil batallas.
Pero escupo sobre la tumba de la sinrazón y obvio la distancia que marca la regla que jamás tuvo la medida de nada y sin embargo se yergue como dogma y yo desoigo como a la hiena que quiere sólo la carne que cree descomponerse y, viva, muerde.
