jaque
Yerra el rictus frente al estado de sitio. Suspende el colmillo ante la mirilla del conocimiento pausado que quizá fue turbulento pero transita el valle. Y no vuelan los polluelos sin pluma que, osados, quieren planear los bosques que todavía acurrucan a las alimañas que vivieron mil festines y un día.
Descansa el puño y agita el blanco de una salvación o, seguro, la tormenta dejará asolada de rayos y centellas la ignorncia osada de toda muestra de vida adiposa y parasitaria. No hay opción al esquinazo sesgado de celada alguna, sólo el jaque del peón que devora a la vez al reinado y la Dama.
