ritual
Queda a un lado el sentimiento, desaparecida la humanidad propia, maldicho el parto de cada nacimiento que muere en los brazos mirando a tus ojos, enrojecidos y tristes. Muerte es la palabra que regalas como vida y desaliento el látigo que te encamina al absurdo. Un boxeador noqueado, sin norte, caído de bruces sobre la lona de la vida, que ya no mira siquiera al silencio.
Queda adherida la piel en jirones del amago siempre abortado, en un ritual sádico, de profunda nostalgia sin propiedad. Desabastecida la palma abierta de la mano hatsa percibir el eco del vacío. Y quedan los segundos como propietarios de horas y horas encadenadas como tu alma al incierto destino de la nada.
