soledad
Vienen las largas noches tras la más larga. Y se acurrucan sedosas como el martirio que no quiere ejecutarse. Rompen los silencios los sueños desvanecidos, enrarecido todo del amargor de la cima nevada y fría sin culminar para derretir su vida hacia el valle que acogería una mirada siamesa.
Suenan lejanos ya los susurros que sólo se supusieron y ahora, erráticos, vagan desnudos del alma que debía portarlos. Y así, tras el muro que esconda los despojos, seguirán fraguándose las lágrimas que surquen un viejo quizás que fue abortado en un no lacerante.
Vienen las noches enlazadas sin sol, hasta hacer de la más larga vivida un paraíso enfrentado a ésta estrechez del largo infierno avivado de desolación y soledad.
