miedo
Reía sin parar, vocalizaba su vida en un pulso perdido al alcohol que cada vez ralentizaba más su itinerancia en el recuerdo. Pero brillaba sabiendo que el instante era la gloria y no quería saber dónde estaban las llaves que la sacaran de aquel estado. Se aferraba a "una más" como cerrando los barrotes que la atrapaban pero dejaban volar a quien esa noche representaba su libertad.. Y reía, de nuevo, se removía alrededor de un suspiro que sabía tan efímero como el tiempo para el amanecer.
Cerrado el limbo, el infierno siguió su rutina de acopio y muerte lenta. Y la siguiente noche ya no se escucharon más risas, de las de verdad, de verdadero miedo.
