bolsa
La bosa descansa tranquila sobre la mesa. Su cremallera, semiabierta, deja paso a una mirada que curiosea en su interior sin violar la intimidad que se respira dentro. Ya son varias las semanas que esa mirada regresa una y otra vez y tras entrar sale y se aleja.
La atmósfera a su alrededor mantiene la escena en su silencio sólo roto por las pisadas que acompañan cada vez el curioseo inquieto. Pero nada rompe la escena, nada la turba. Y la luz que reposa abrazada descubre las rozaduras que en sus aristas son rotos y en sus paños historia.
