tumba
Quizá en la ceguera del presente resida el murmullo de las pisadas y el grito mudo abra en canal la efervescencia; quizá pasan las horas y se recuentan los minutos con los dedos de la mano o con el tacto que desconoce el significado de los puntos que raspan las yemas del alma.
Una calada, un pensamiento, un instante y piel erizada; un vino, suenan notas, van y vienen ridículas sombras que se esconden tras máscaras de plomo, alimañas de sangre descompuesta. Click, click, click. Avanzan febriles los recreos absortos de mil y una noches, vísceras apasionadas, pinceladas espasmódicas.
Regreso, tumba abierta. Descanso. Mira, sí, observa como son los huesos los que acarician la sien y flota ingrávido un mañana que hasta ayer quedaba suspendido en suspenso.
