meseta
Sí, agarrarse a la meseta que arde bajo las pisadas y sentir el fuego cálido. Respirar hasta la línea de horizonte y soñar abrazado al sueño. Burbujean las vísceras y una locomotora de felicidad pita con fuerza que su inercia es máxima. En los recovecos de la razón se han sedimentado las angustias y sobre ellas el campo florece de la esperanza más verde que pueda apreciar el alma. Hoy el patio del colegio recibe la algarabía de un nuevo inquilino rebosante y ensimismado, que irradia todos los sonidos que puede esconder la esperanza. Y su paseo circular que repite absorto cierra un ciclo que abre a la vez uno que ya no queda sin desprecintar. Y las manos, esas que viven solas, reposan en los bolsillos traseros. Y la cabeza, gacha, esconde una profunda alegría.
